banner_antillano2

No le tomó mucho tiempo al espía español acomodarse a la vida burguesa de la señorial ciudad de Ponce. Desde esa posición ventajosa cultivó la amistad con la familia de Muñoz y su esposa Amalia Marín. Ponce, el verdadero centro económico, cultural y político del país, encarnaba las ilusiones de un régimen en el que la incipiente burguesía criolla cifraba sus esperanzas de hegemonía y progreso.

Más allá de Ponce, la altura. Ése era el corazón de la frágil economía de exportación cafetalera, en el que ya España no podía ejercer su dominio con efectividad. Se transformaba en el campo de batalla de odios ancestrales. El descalabro general de las condiciones de vida de los pequeños agricultores, campesinos y peones rurales daba pie a la acción directa contra quienes una vez posaron de señores de la gleba en ese mundo primitivo. Ahora no les quedaba otro recurso que la fuerza para preservar su sistema de privilegios señoriales adquiridos.

La vida personal del espía español también se deshacía por todos los costados. Las autoridades militares tradicionales, temerosas de su extraño poder de impunidad, fraguaban la manera de causar su destrucción. Si existió alguna vez la esperanza de cierta perversa normalidad en su vida, ésta desvanecía tan rápidamente como la vida idílica de la hacienda del padre de su esposa. Milagros de la Esperanza, al igual que su madre, muere durante un parto irregular y trágico, en el que el nacimiento de un hijo no sustituye el único hilo conductor de sanidad en la vida de Alfonso Ruiz.

Muñoz y su esposa Amalia se encargan de la criatura ajena, a la que acogen, por el momento, al seno familiar que bendice a Luisito, su propio recién nacido primogénito.

Estos dos nuevos puertorriqueños ven la luz de una colonia española que sufre los estertores de un organismo agonizante. La falta de vigor de una pusilánime burguesía criolla, su incapacidad de trazar su propio derrotero, y de retar al viejo amo colonial antes de que éste sea expulsado por nuevas fuerzas externas, le abre el camino a otras clases a definir sus propios intereses. Los trabajadores asalariados buscan la redención en las doctrinas anarcosindicalistas que le llegan de afuera, y que son preconizadas por voz de un gallego radical que recién ha llegado de Cuba.

Aparece en escena nuevamente esa figura enigmática de la inteligencia militar del segundo Reich. Ya lo vimos tratando de darle forma política a una banda de asaltantes de camino en la Cordillera. Ahora lo detectamos tratando de eliminar a un espía yanqui que explora la costa sur de la Isla.

Pero se le ha hecho tarde a los alemanes. La monstruosa maquinaria bélica se dirige a Puerto Rico, siguiendo instrucciones directas de Casa Blanca. Impedidos políticamente de anexarse a Cuba, los expansionistas yanquis han identificado a esa colonia española como su fácil botín de guerra en el Caribe.