Encabezado de Ficha El Antillano
 

De los árabes al mundo

Índice de fichas

Azúcar
Introducción al tema
Datos de la historia
De los árabes al mundo
El azúcar promueve la esclavitud y el capital
El impulso imperialista y el azúcar
Auge del binomio Portugal & Holanda
Las facciones burguesas en Inglaterra y el azúcar
Antagonismos entre plantadores británicos y comerciantes de las Trece Colonias
Las destilerías y refinerías en las Trece Colonias
La Ley Azucarera y la Revolución de las Trece Colonias
Las luchas por el dominio del mercado azucarero de Europa
El mercado azucarero británico y la dieta del proletariado inglés
Le sucre de canne
La sociedad colonial de Saint Domingue
Los esclavos de Saint Domingue
Los cimarrones de Saint Domingue
Las rebeliones de esclavos y cimarrones en Saint Domingue y el caso de Mackandal
La esclavitud en Saint Domingue, los abolicionistas franceses y la insurrección de Ogé
Vudú y revolución

África

Alemania

Betances

Ceuta y Melilla

España

Estados Unidos

Imperialismo

Inglaterra

Islamismo

Magnicidio

Opio

 

Después de expulsar los califatos de la Península en 1492, los españoles y portugueses se apropiaron de las plantaciones de caña y los trapiches (una palabra derivada del árabe) de estos reinos, pero ya para esa fecha el centro de la producción se había desplazado hacia las islas atlánticas de Portugal y España (comenzando en Madeira y luego Las Canarias y São Tomé).

Enrique el Navegante, tras tomar posesión de Madeira en 1448, ordenó allí el cultivo de caña y el uso de esclavos africanos para ese propósito. Luego, trasplantaron el sistema a Cabo Verde y las Azores. En 1490, São Tomé se convirtió en una isla azucarera trabajada por esclavos africanos. Es en esta época que se inicia la esclavitud azucarera africana —uno de los más horrendos crímenes que se haya cometido en contra de la humanidad a través de toda su historia, y le corresponde a Portugal la infamia de ser su originador.

España trasportó durante los mismos años las plantaciones azucareras a sus Islas Canarias. Inicialmente intentó someter a los guanches al trabajo compulsorio, pero esta indómita población se resistió tenazmente a ser conquistada. Los españoles, entonces, imitaron a sus primos portugueses y comenzaron a importar esclavos del África continental.

Trapiche antiguo en el sur de la peninsula iberica.

Los españoles y los portugueses se apropiaron

de las técnicas azucareras empleadas por los

musulmanes cuando eran los amos y señores

de la Península y las transplantaron a sus islas

del Atlántico al oeste de la costa africana.

Al desplazarse la producción principal hacia las islas del Atlántico, se consolidó la presencia de los comerciantes de Génova y Florencia, con una decreciente participación de Venecia y una inicialmente menor, pero creciente, de los Países Bajos, estos últimos provenientes especialmente de la ciudad de Brujas (Brugge en neerlandés), donde se establecieron  plantas de refinado. Desde la época del dominio veneciano del mercado azucarero mediterráneo, la producción del azúcar de caña había comenzado a dividirse en dos procesos que se separaron geográficamente. Las tierras más cálidas, inicialmente en el Levante y el Mediterráneo, pero ya en esta época correspondientes a las islas tropicales del Atlántico africano, se dedicaron a la cosecha de la caña, a la extracción del guarapo y a los pasos básicos de solidificación que permitían su transportación a los centros manufactureros de Europa, dominados por el capital de las grandes casas comerciales, donde se completaban los pasos finales más rentables de refinación.

La burguesía mercantil de los Países Bajos,

especialmente en la ciudad de Amberes, fue

quien le dio forma al mercado europeo del azúcar.

Desde temprano se impuso esta lógica de acumulación. Las cañas no prosperan en las zonas que se alejan del trópico. Españoles, franceses y holandeses experimentaron sembrándolas en sus países, pero sólo pudieron desarrollar actividad cañera allí donde los musulmanes la habían implantado.

La caña prospera en el trópico, pero no puede ser embarcada después de cortada. Comienzan a perder su azúcar al momento de ser cortadas, por lo que tienen que ser exprimidas inmediatamente. Por otro lado, los guarapos tampoco pueden ser transportados, ya que se fermentan rápidamente, inutilizándolos para los pasos posteriores de producción de azúcar, lo que obligaba a que se efectuaran seguidamente los primeros procesos de elaboración, lo más rápidamente posible después de cortar la caña, y lo más cercano posible a los cañaverales. Estos procesos primarios producían el azúcar crudo.

En las zonas templadas de Europa, comenzando con Venecia y luego los Países Bajos, se establecieron los centros manufactureros de refinación final y la producción de los azúcares refinados más a gusto del mercado europeo, que crecía rápidamente.

La importancia del traslado del centro mercantil azucarero a la ciudad de Brujas corresponde a la integración de la producción azucarera portuguesa con la Liga hanseática, a la cual pertenecían los comerciantes de esa ciudad. Las relaciones de la ciudad con Portugal se habían reforzado con el matrimonio de la infanta Isabel, hija de João I de Avis, rey de Portugal, y hermana de Enrique el Navegante, con Felipe III, duque de Borgoña, el Bueno (y renombrado captor de Juana de Arco). Promotor de las burguesías comerciales de los territorios que gobernaba, entre ellos la ciudad de Brujas, donde estableció uno de sus más importantes palacios, el Gran Duque del Oeste, como gustaba llamarse, fomentó el asentamiento de comunidades flamencas en Lisboa y de portugueses en Brujas. Posibilitó así la integración de los intereses comerciales de ambas ciudades. Por esa vía, el azúcar portugués de Madeira penetró rápidamente en los mercados del Norte y del Este de Europa.

A fines del siglo xv los reinos de Europa se habían convertido en los agentes políticos y militares de unas fuerzas de mayor importancia que cualquiera de ellos. El comercio europeo lanzó sendas expediciones, inicialmente a través del auspicio oficial de los reinos ibéricos, explorando nuevas rutas marítimas hacia las Indias fabulosas y los exóticos bienes que éstas ofrecían. Esa energía inquieta, en búsqueda frenética de la acumulación de riquezas comerciales, fundó las bases del mercado mundial, por donde se desplazaría el azúcar como su mercancía paradigmática.

Narran algunos cronistas que Cristóbal Colón se detuvo en Gomera, en Islas Canarias, para abastecer sus naves para su segundo viaje a las Indias, quedando cautivo románticamente de la gobernadora de la Isla, doña Beatriz de Bobadilla. La parada, originalmente planeada para unos cuatro días, se extendió a un mes y, al continuar su viaje, recibió Colón de doña Beatriz como regalo de despedida algunos tallos de caña de azúcar, que fueron los primeros en cruzar el Atlántico. Con estos tallos, Colón inició la primera plantación azucarera en La Española.

Otros investigadores identifican la isla portuguesa de Madeira, donde Colón había residido y donde retenía contactos comerciales importantes, como el origen de las cañas que cruzaron hacia el Caribe.

Independientemente de su origen, los conquistadores de La Española intentaron desarrollar una actividad azucarera en esa Isla. Confrontaron dificultades de todas clases, incluyendo conflictos políticos relacionados con los privilegios de Colón y sus descendientes. El experimento no prosperó, a pesar de la notable aclimatación de las semillas al terreno caribeño.

De todas maneras ya a partir de 1506 se cultivaba en las Antillas y para 1532 Portugal inauguró su cultivo en Brasil. Mientras tanto, la penetración del azúcar en los mercados europeos seguía en aumento y muy pronto comenzó a adquirir una escala de primer orden. Esto estimularía a las potencias navales de la época, primero los holandeses y seguidamente los ingleses, a intentar apoderarse de este fabulosamente lucrativo mercado. Pero esta historia apenas está comenzando.

Este tema prosigue en El azúcar promueve la esclavitud y el capital.

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El impulso imperialista y el azúcar
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