1898 - El paso de la tormenta
Volumen II / Número 6

Sinopsis detallada y Respuestas a algunas preguntas insistentes de nuestros lectores

Nota: En esta sinopsis se incluyen detalles que no aparecen publicados en el Cuaderno

Los yankis habían puesto en libertad a todos los presos políticos de los españoles, entre ellos a Alfonso, a quien primero internaron en un hospital militar, debido a su condición de salud, y luego de una parcial recuperación, lo despacharon a la calle.

Posteriormente, un funcionario de inteligencia del Ejército de Estados Unidos, que se hallaba inspeccionando ciertos expedientes de Macías, que curiosamente no fueron ni destruidos ni extraidos del Palacio de Santa Catalina, descubrió el caso de Alfonso Ruiz Bassen. En el expediente aparecía toda clase de teorías sobre su posible función como agente de un gobierno extranjero, probablemente el alemán.

El funcionario descubrió que tuvieron al sujeto bajo custodia hasta hacía unas semanas, y decidió dar con el tal Ruiz Bassen e interrogarlo. Lo buscaron, de primera instancia, en su apartamento de San Juan, pero sin tener éxito. Según las instrucciones, los soldados recogieron todas sus pertenencias y las llevaron al cuartel. Fue inspeccionando esas últimas que se descubrió una nota, fechada varios años atrás, del ahora Secretario de Guerra, Elihu Root, invitando a Alfonso a mantener activas las comunicaciones entre ellos. Decidió entonces llevar el caso más arriba.

Mientras tanto, otra partida había iniciado su búsqueda de Alfonso en su residencia de Ponce. Allí los sirvientes le informaron que Alfonso se había alojado en una pequeña casa en el barrio Tenerías, a donde los guió el muchacho que a diario le llevaba comida al señor.

Encontraron a Alfonso en las peores de las condiciones, completamente abandonado al vicio, sin ningún tipo de aseo, en una choza inmunda. Lo extrajeron del aposento, lo montaron en una yegua (la del muchacho) y se lo llevaron para el hospital militar de Ponce.

Una vez estuvo más recuperado, aseado y despierto, se lo presentaron a las más altas autoridades militares, con las que inmediatamente hizo mala química.

Lo montaron en un barco de la Armada yanki y lo transportaron al Brooklyn Navy Yard, donde se habría de entrevistar con un Teodoro Roosevelt, ex subsecretario de la Armada, héroe de las Colinas de San Juan, gobernador de Nueva York y muy amigo del Secretario de Guerra.

Su entrevistador nunca llegó, pero los días en el Navy Yard le sirvieron para recuperar su condición física y mental. Incluso, se encontró con un profesor de artes marciales japonesas, con quien pudo refrescar su maestría en esas disciplinas.

Llegó el día que se le transportó a un restaurante en Manhattan, donde se entrevistó una vez con el una vez abogado de Wall Street y ahora Secretario de Guerra. Root lo saludó muy cordialmente.

En los últimos días había estado tratando de reconstruir en su memoria su experiencia con el español. Le contaba a su amigo Teddy sobre las cosas que le impresionaron del personaje, mientras colaba sus argumentos a favor de que el héroe de los Rough Riders aceptara la candidatura a Vicepresidente del Partido Republicano para las próximas elecciones.

Ahora se encontraba nuevamente con el español, en la misma mesa donde lo había conocido hacía varios años.

Después de las reminiscencias de rigor, Root lo reclutó para continuar con su misión, ahora a favor de Estados Unidos, adscrito a la oficina de inteligencia naval.

No obstante, se vio obligado a pedirle un favor especial. La situación en las montañas en Puerto Rico se estaba saliendo del control de las tropas yankis. Partidas de bandoleros asolaban la región. Una en particular causaba alarma ya que la inteligencia militar había interceptado algunos mensajes entre ciertos alemanes residentes en la Isla y el jefe de ese grupo, al parecer también alemán.

Otras averiguaciones ayudaban a construir un cuadro en el que Alemania se declararía alarmada con el desorden social en la Isla y levantaría la excusa de proteger a sus ciudadanos y sus intereses para acercar sus buques a las costas de la Isla.

Era esencial acabar con las actividades de esta banda lo antes posible, y le pedía a Alfonso que se encargara del problema.

Alfonso aceptó, no sin antes interponer algunas condiciones, la principal de las cuales era total independencia de la cadena de mando en la Isla. Root accedió y le dijo que se trataría de una misión completamente secreta y que él respondería directamente al Secretario de Guerra. Pidió hombres experimentados en la guerra irregular, que Root prometió seleccionarle de entre los mejores en Las Filipinas. Una vez en Puerto Rico, comenzaría a adiestrarlos.

Mientras tanto, en las montañas, la partida del alemán llegó a una encrucujada. La mayoría de sus integrantes entendía que había llegado la hora de cerrar operaciones y regresar a sus comarcas con sus respectivos botines. Günter trató de disuadirlos pero fue en vano.

No le quedó más remedio que liquidarlos uno a uno, según regresaban a sus hogares.

Dadas las circunstancias, decidió acelerar los planes. Causarían una grave crisis asaltando y matando a un prominente ciudadano alemán residente en Ponce.

Mientras tanto, la oficialidad del Ejército, molesta por la presencia de Alfonso en el campamento de Ponce decidió lanzar su propia expedición de cacería.

Días más tarde, Alfonso se unió a una tropa que hubo que enviar al monte a buscar a la expedición que nunca regresó y se encontraba desaparecida. Muy dentro del bosque, encontraron los cadáveres, descompuestos, de los infelices soldados que lanzaron en contra de los bandidos de “el alemán”.

Alfonso inspeccionaba la escena y se dió cuenta que era una trampa. Trató de alertar a los soldados, pero éstos no reaccionaron a tiempo y se desplomaron por un risco hacia abajo. Alfonso miró en dirección a donde sabía que Günter estaría escondido observando. Günter lo detectó y supo que se acercaba el momento de la confrontación final.

Alfonso consiguió que se pusieran bajo vigilancia preventiva y secreta las residencias de ciertos alemanes. Uno de esos grupos de vigilancia intervino con una misión de un grupo de Günter de asesinar al residente, un comerciante alemán muy conocido en Ponce.

Capturaron gravemente herido a uno de los bandoleros, el otro, o la otra, pues era una mujer, había perecido en la refriega. El sobreviviente, sin embargo, no resistió el interrogatorio, y murió sin rendir información que pudiera ayudar en la cacería.

Esa noche Alfonso subió al monte sin ser detectado, junto con sus hombres, y con los cadáveres de los bandoleros emboscados. Al día siguiente, amanecieron colgados a plena vista de donde Alfonso sabía que serían vistos por Günter y su gente.

Mientras Alfonso estaba en la montaña, había gran alarmaen Ponce, pues había llegado la noticia de que se estaba registrando un fuerte fenómeno atmosférico que estaba arrasando con las Antillas Menores, y que al parecer estaba en ruta directa hacia Puerto Rico.

La exhibición de los cadáveres cumplió con el propósito de Alfonso de provocar a los bandoleros de Günter a una acción prematura y colérica. Con lo que Alfonso no contó fue con el rápido deterioro de las condiciones del clima, la implacable lluvia y los terribles vientos que desorganizaron la trampa que tan cuidadosamente había tendido.

En el momento de furia más intensa del huracán, se encontró frente a frente con Günter, con quien se agarró en un mano a mano mortal.

Ambos cayeron al río y desaparecieron en un golpe de la crecida y violenta corriente.

Al otro día los militares repasaban las condiciones de la Isla, al parecer trágicas. Las órdenes de Root, por otro lado, incluían las instrucciones de dedicarle los recursos que fueran necesarios a la búsqueda de Alfonso.

El español no aparecía por ninguna parte, pero sí se halló el cadáver de Günter.

El País estaba desolado, todo era ruina.

Pregunta: ¿Los trabajadores de aquella época eran como ustedes los pintan?
Respuesta: Un hilo conductor que ha ido creciendo en importancia a través del Volumen II, y se manifestará más claramente en el Volumen III, es la transformación de la clase obrera de Puerto Rico como resultado de la proletarización del trabajo agrícola. Hasta ahora, el núcleo principal de la clase trabajadora, y de su liderato, lo formaban los artesanos, dueños de sus propias herramientas, autodidactas, ávidos lectores de periódicos y libros, y sólidamente formados en las tradiciones gremiales europeas. La invasión del capital yanki, que comenzó en este episodio y tomará fuerza avasalladora de aquí en adelante, redefinirá la estructura de clase del País. Convertirá al proletariado del azúcar, el tabaco, los ferrocarriles y los muelles en la masa principal de la clase trabajadora, con un carácter de mayor militancia, y creadora de organizaciones de clase más radicales que las de sus antecesores artesanales y gremiales.

Pregunta: ¿Los alemanes trataron de pescar en río revuelto?
Respuesta: Las potencias industriales más dinámicas de esta época eran Alemania y Estados Unidos. Ambas habían llegado tarde a la repartición colonial. En el caso de Estados Unidos existía una lucha intensa dentro de la burguesía sobre la conveniencia de tomar posesiones en ultramar. Bismarck no era muy partidario de establecer colonias clásicas para el Reich, pero sus sucesores no exhibían ninguna duda de que la grandeza del Imperio Alemán requería un sistema colonial como el británico y el francés. Cuando Estados Unidos inició las hostilidades en contra de España, Alemania se mostró muy agresiva, al menos en las inmediaciones de Las Filipinas, donde una escuadra de ocho barcos bajo el almirante Otto von Diederichs estuvo a punto de provocar un serio incidente con Estados Unidos, que pudo haber desembocado en una guerra entre las dos potencias emergentes —una perspectiva que parecía aterrorizar al cauteloso McKinley.